Iniesta, el mago del tiempo

Andrés Iniesta deja hoy al Barcelona. Con su partida se cierra una época de gloria, magia y éxitos sembrados y cosechados por el originario de Fuentealbilla, Albacete.

El Camp Nou le dice adiós a uno de sus últimos ídolos, uno de los magos que confeccionaron la más reciente historia de éxitos del Barcelona.

En el recuerdo quedará el golazo que le marcó al Chelsea en los últimos minutos de la semifinal de la temporada 2009-2010 de la Champions League, y el momento en que detuvo el tiempo para dar el primer campeonato del mundo a España.

De Albacete para el mundo

Desde pequeño, “El Manchego”, como le conocen, ilusionó con su juego y habilidad. Esas características hicieron que, durante el torneo de Brunete y vistiendo la camiseta del Albacete, gente del Barcelona se fijará en él y se lo llevara a La Masia, esa fábrica de jugadores “bajitos” pero con una calidad inigualable.

En diversas revisiones de su historia, Iniesta confiesa que el cambio de ciudad y estilo de vida le afectó mucho, se convirtió en “un mar de lágrimas”, pero ese mar, se volvió cristalino cuando, al abandonar los estadios, la afición se caía en aplausos.

En La Masia se volvió amigo inseparable de Víctor Valdés, tocó la pelota junto a Xavi Hernández, quien se convertiría en su complemento, y vivió los albores de Lionel Messi.

Foto: Twitter, Barcelona.

Fue ahí cuando Guardiola, en 1999, le entregó el trofeo al mejor jugador de un torneo infantil y, le dijo: “en unos años seré yo el que estaré en la tribuna viéndote jugar”.

No sólo lo vería jugar, sino que lo convertiría en un elemento puntual de su tiki-taka y de la época más dorada del club blaugrana: el sextete de 2009.

Iniesta debutó como titular en un momento de crisis blaugrana. Era el 21 de diciembre de 2002 cuando Louis Van Gaal hecho mano de él para salir de una racha de tres derrotas consecutivas.

La apuesta le rindió frutos. “El Manchego” vistió el dorsal 34, ese que poco a poco fue disminuyendo de número hasta convertirse en su mítico 8, ese dígito que lo inmortalizó en todos y cada uno de los campos por los que destiló su magia.

El mago del tiempo

La capacidad para ceder el balón a tiempo es una de la principales características de Andrés Iniesta.

Cuando la pelota pasa por sus pies, todo se detiene. Iniesta toma el control del tiempo. Mira al futuro. Y, entonces, reluce su principal característica humana, la humildad. Siempre termina cediendo la pelota al compañero mejor ubicado para que se vista de gloria.

Sin embargo, cuando opta por concluir la jugada, es capaz de regalar alegrías como la que dio el 11 de junio de 2010 en el estadio de Johannesburgo.

Aquella noche quedó de frente al portero holandés. “Se para todo y sólo estamos yo y el balón”, dijo en un documental. Entonces, detuvo el tiempo, escuchó el silencio y supo que ese balón terminaría en el fondo de las redes.

Fue el gol de todos, diría, en ese mismo documental, Fernando Torres. Y también se convirtió en la anotación que consagró un nuevo apodo: “Iniesta de mi vida”.

Quizá el futbol fue injusto al no reconocer la dimensión de jugador que es y fue Iniesta. Nunca obtuvo un balón de oro, pese a que 2010 se convirtió en su mejor año futbolístico.

Pero esa falla es recompensada con los aplausos que Iniesta cosechó en cada uno de los estadios por los que el mago del tiempo pasó.

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