La eternidad

La eternidad: Sé que desde niña vivo con un reluciente rechazo a la alegría. Nunca tuve el tacto para amar las ilusiones...

Sé que desde niña vivo con un reluciente rechazo a la alegría.

Nunca tuve el tacto para amar las ilusiones,

mutilaba flores porque la soledad de su centro era más bello que sus pétalos.

 

Sé que nací con un miedo antiguo:

una angustia enternecida sudando sobre la piel.

 

Heredera de la devastación,

mis pasos aniquilan seres inocentes a causa de mi propio temor.

 

He vivido con manos de piedra y pupilas huecas que conjuran los más grandes peligros.

El mundo pro ere rechazos apenas mi canto les acaricia los cabellos.

 

Y todo eso no es peor que mi verdadera desgracia:

no poder apresurar mi muerte.

 

El fracaso constante a la renuncia es el único fruto que crece sin tregua a cada intento

y que, a costa de mi voluntad, me alimenta.


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