Estuve pensando un buen rato si debía o no escribir algo sobre el asunto literario del momento, es decir, el asunto Casa del Poeta Ramón López Velarde. Lo pensé porque siento que ya todos dijeron lo que tenían que decir, ya salieron las posturas a favor y en contra, muchas con su buena parte de razón (no pongo acá los múltiples argumentos, todo anda en las malditas redes sociales); pero también ya llegamos a un punto tal del rollo que ya hay los denominados poetas panistas y los poetas esquiroles. Así que bueno, haber llegado a esos puntos no da mucho margen para comentar cualquier cosa. Y todo por la poesía. ¿Por la poesía? ¿Quién de estos bandos ostenta el refugio de la verdadera poesía?
Lo que yo puedo decir desde mi perspectiva de una escritora mediana, más bien desapercibida, es que la Casa del Poeta fue un lugar que me abrió las puertas desde que yo no era nadie. Este espacio recibió mi solicitud cuando recién había salido mi ¿No habrá puerta de salida?, me dio una fecha y me dejó hacer ahí mi numerito. Y creo, por lo que sé de mis conocidos, que la Casa no le cerraba las puertas a nadie, fueras poeta consagrado (de mantel verde, como le han llamado en las críticas) o fueras un chamaquillo con tu primer libro o con tus ganas de organizar una lectura para tus cuates. Yo, que soy una poeta que no ha tenido becas, bateada muchas veces por las revistas del momento o las editoriales reconocidas, una poeta con premiecitos muy modestos… Para mí esa Casa estaba disponible.
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Entre tanta cosa que estuve leyendo en estos días supe que la concesión (o no sé cómo llamarla) de poder administrar la Casa contaba con fecha de caducidad. Es decir, la Fundación Casa del Poeta IAP administró la Casa del Poeta Ramón López Velarde por 30 años mediante un Permiso Administrativo Temporal Revocable (PATR). Al vencer éste, la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México asumió la tutela del espacio. Los últimos eventos de la Casa fueron en octubre o noviembre de 2025, desde entonces toda la gente que gestionaba el espacio (y parece ser que también la revista Generación, cuyas oficinas estaban ahí) tuvieron que abandonarlo.
¿Por qué en ese momento no se llevó la protesta que llegó hasta junio de 2026 cuando se anunció oficialmente el cambio de dirección y el cambio de nombre? No sabría decirlo, quizá porque el término de dicha administración no se hizo realmente público, yo me enteré por una persona muy cercana a la Casa y a mi trabajo, y no entendí (o no me explicaron) la causa del cierre. Por lo que veo, el pleito no fue porque se acabó el permiso de administrar la casa, sino por el anuncio, más de un año después, de lo que se pretende hacer con ella.
Entiendo la indignación por perder un espacio cultural, porque al principio quedó en el limbo el futuro del museo, de las bibliotecas ahí resguardadas, de las fotografías, y entiendo que el enojo no es porque se convierta en un cabaret por el cabaret en sí, creo que eso da igual (aunque no, por los intereses personales que evidentemente tiene ahí la secretaria de cultura), sino por el hecho de terminar con uno de los pocos espacios dedicados a la poesía (o al menos esa es la parte de la discusión a la que yo me sumaría).
Ahora, el asunto ha escalado. A mí no me sorprende nada que la 4T le cambie el nombre a las cosas y que este nombre sea totalmente desafortunado (lo hemos visto con tantas cosas con nuevos nombres inútiles e innecesarios), pero todo este merequetengue ya trascendió lo del nombre: ha sacado a relucir los antagonismos poéticos. La cereza del pastel de todo este enredijo es que aparecieron los amigos de Círculo de Poesía, que toda la vida han sido polémicos y generadores de discordias, como los enemigos del gremio de poetas, aunque ellos mismos son poetas, los enemigos por haberse aliado abiertamente con el gobierno y por beneficiarse de esta transición. Ellos ostentan el liderazgo de una cátedra en honor a López Velarde que ya se anunció en redes y que cae en el mismo día en que se planea otra protesta contra las imposiciones de la Secretaría. ¿Cómo consiguieron colarse a la agenda de la nueva forma de gestionar el espacio y meter su logo en el cartel de la contra-respuesta? Es una excelente pregunta.
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No es de espantarse, porque no es la primera vez que escritores, poetas, en fin, intelectuales, deciden cuadrarse con el gobierno. Lo que falta por ver, y lo que preocupa, es que este gobierno le ha quitado muchísimo a la cultura y éste puede ser un eslabón más de la misma práctica. Lo digo de estar metida en una editorial que ha perdido apoyos gubernamentales importantes, que ha cortado programas de coediciones, de compras de bibliotecas; una editorial que recibe pagos muy esporádicos de las librerías del gobierno. Y es obvio que a la cultura muy poco le importa la poesía. ¿Cómo va a funcionar este nuevo espacio? ¿Se llegará a algo realmente con la mesa de trabajo? ¿Va a ser igual de sencillo llegar a pedir una tarde para presentar un libro, aunque asistan tres gatos? Estará por verse. Y lo otro: ¿va a terminar el pleito entre panistas y esquiroles en favor de la poesía? Híjole, se vienen tiempos oscuros, pienso.
