La gente me dice que exagero cuando digo que cada día nos acercamos más a los capítulos de Black Mirror. Pero yo atestiguo día con día que la tecnología y los maravillosos avances, en muchos casos, nos han convertido en seres menos pensantes y quizá hasta menos inteligentes.
Es necesario poner un alto en algunas cosas. Me explico. Yo no recuerdo que, en los principios de los dos miles yo fuera una persona tan desubicada en su entorno; cuando viví sola en Santiago, en 2012, no tenía un celular con internet todo el día, y sin ello no contaba con la posibilidad de ver los mapas, las rutas, los tiempos de traslado y las estaciones en tiempo real. Sí medio estudiaba el mapa antes de salir, pero me tenía que fijar en la realidad y poner atención a los detalles (los números del camión, los nombres de las calles, las estructuras mismas de la ciudad) para no perderme y tener claras las rutas de ida y de vuelta a los lugares.
Hoy en día confío demasiado en Google Maps para todo. Antes, lo recuerdo, salías a la calle e ibas encontrando los restaurantes, las tiendas, los cafés sólo de ir caminando y reconociendo el espacio. Actualmente confío más en las sugerencias que me da mi celular y voy “caminando” en el mapa digital para descubrir lugares e incluso ver las fotos, las críticas, el número de estrellitas. Ese placer del descubrimiento se ha quedado a un lado gracias a que contamos con la posibilidad de saberlo todo (o casi todo) con anticipación.
Varias veces le he comentado a una amiga que antes a fuerza tenías que usar tus habilidades y tu inteligencia, así como hacer el esfuerzo por no olvidar las cosas, pues antes no las tenías a la mano sino en tu cabeza; me refiero a fechas, lugares, años y datos duros varios que era importante almacenar en la memoria. Actualmente no es necesario porque todo lo tienes a un clic y entonces para qué gastas tu cabeza en ello. Hoy en día ni siquiera te aprendes los números telefónicos de tus familiares y amigos, cuando antes todos cabían perfectamente en la memoria. ¿Para qué habrías de usar tu cerebro si todo está ya en tu celular?
Te invitamos a leer: Vivir para trabajar o trabajar para vivir
Creo que hace falta de pronto volver a lo de antes. No usar el whatsapp todo el tiempo para absolutamente todo (qué infierno que además está en la computadora y en el rejoj); no abrir el Spotify si tienes aún tu iPod con pila o tu reproductor de CDs; perderte en una ciudad y usar tu memoria para saber regresar por el camino por el que saliste (o tener la capacidad de ubicarte si deseas tomar otro). Confiamos demasiado en algo ajeno a nosotros mismos, y la cosa va a que lo sigamos haciendo y sigamos minimizando nuestra capacidad natural de resolver y de ejecutar tareas.
Cierro con una reflexión que tiene que ver con el entorno en el que me desenvuelvo: por azares del destino encontramos en la oficina una maqueta de un libro de arte, marcada a la manera antigua de hacer libros: anotaciones sobre papel china, las líneas de corte y los colores. Hace un tiempo ya la imprenta con la que se trabaja en la oficina avisó que ya no sería necesario enviar plotters y capillas para visto bueno, que todo se aprobaría en una nube. Ya no es sólo que el diseño editorial se realiza en InDesign y se observa todo en una pantalla, se nos está quitando la posibilidad de ver el libro en su estado previo a la encuadernación final. ¿Será que esta es la mejor manera de hacer las cosas? Ahora todo es más rápido y más eficiente, al parecer, pero mucho de la técnica “de antes” se ha perdido. Confiamos más en la tecnología y menos en nuestra propia capacidad, todo en aras de hacerlo “más rápido”, “más fácil”.
¿No necesitaríamos volver un poco? No estoy en contra de la tecnología y los avances para hacer la vida más sencilla, pero sí pienso que no todo debe recaer en ello pues nos quita capacidades, creatividad y desarrollo; valdría la pena volver la mirada, un poquito, a lo básico.
