Mi estrella fugaz

estrella fugaz

Hay personas que son estrellas fugaces. Que llegan unos momentos e iluminan la noche en el instante más oscuro. Que hacen recordar que todo pasa y que siempre llega la luz. Eso fue Bren, mi estrella fugaz.

Sonrió y sentí cómo el suelo se cimbró. Habló y fue como si su voz fuera la tierra y mis oídos la luna que gira a su alrededor. Me miró y sentí el cálido amanecer en medio de un bosque.

La vida tiene sus bonitas coincidencias y esta fue una de ellas. Estaba nervioso. Iba tarde y sospechaba que en ese lugar solo conocería a la cumpleañera. Y así fue.

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Las luces eran tenues. Pero sobre Bren se reflejaba la luz de una de las televisiones que pasaban el partido de la Chivas.

Saludé a la cumpleañera y fue difícil, por no decir imposible, no mirar a Bren. Llevaba los labios pintados de rojo, lentes redondos con un armazón apenas visible y la sonrisa más transparente que había visto en años.

No la conocía, pero bastaron unos segundos para sentir la necesidad de querer saber todo de su vida.

Bromeó conmigo. Me dijo que seguro prefería estar en el estadio viendo a las Chivas. Le dije que en realidad era revendedor de boletos y se rió.

No sé mucho de futbol, añadió. Pero una vez fui a ver a los Pumas. La mente me imaginó con ella en decenas de estadios, riendo y haciendo de nuestras vidas una luz en medio de la incertidumbre diaria.

Sí, me ilusiono rápido. Pero juro que si hubieran visto esa sonrisa, también se habrían imaginado tomados de su mano.

Me platicó de su vida. Le conté de la mía. La vi beber cerveza. Me vio beber cerveza. Me preguntó si mis tacos estaban buenos. Le pregunté si había comido.

Me contó de sus horarios demandantes. Que su día a día se iba en números hasta los viernes a las tres de la tarde. Que había conocido a la cumpleañera hace varios años y que eran grandes amigas. Le conté que conocí a la cumpleañera de un viejo trabajo, que ahora odiaba donde estaba pero que, por el momento, no había de otra.

Me dijo que seguro llegaría algo mejor. Y lo había hecho, ese encuentro había sido lo mejor en días. Pero la vida, como las coincidencias, como las estrellas fugaces, como la felicidad, duran poco.

Se tenía que ir. Se fue.

Y entre las manos, entre los labios, se me quedaron miles de palabras. El deseo de volver a verla. Las ganas de conocer su vida, lo que la hace sonreír, enojar y ser feliz.

La vida se escurre entre las manos y lo peor es que sucede ante nuestros ojos, eso fue lo que me repetí, mientras la veía bajar las escaleras, mientras repasaba que dije un seco adiós, pensando que aún tardaría unos segundos, pensando que Bren había sido mi estrella fugaz y que como tal quizá no volvería…

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