El objeto llamado Gibson

“But he could play a guitar just like a-ringin´ a bell…” Chuck Berry – Johnny B. Goode

El mundo de la música rock/pop no sería lo que actualmente conocemos sin la existencia de cuatro marcas de instrumentos: Fender, Gretsch, Rickenbacker y Gibson. Miles de músicos las poseen, mientras millones más fantaseamos en algún día poder adquirirlas; en efecto, lo bueno sale caro y en este caso es así debido a que se producen con manos, insumos, además del misticismo estadounidense.

Hace algunos días se confirmó lo que venía siendo un rumor creciente: la última marca en mención, Gibson, se declaraba en bancarrota. Una deuda de 500 millones de dólares le ha hecho entregarse a sus acreedores, poniendo así su futuro en entredicho. Referentes de las seis cuerdas como Berry, Iommi, Page, B.B. King, Hendrix, entre muchos más, han hecho de diferentes modelos de la compañía íconos que, aún a inicios del presente siglo, son coleccionados y resguardados cual auténticos tesoros.

¿Qué sería de la saga Back To The Future sin la escena donde Martin McFly deleita con un solo, interpretando efectivamente Johnny B. Goode, utilizando una Gibson ES-345 con un vibrato Bigsby? Ésta, entre tantas referencias, existen en el imaginario de la cultura pop; pero aquí vamos a enfocarnos estrictamente a la industria musical. Desde que tengo conciencia he forjado un listado de álbumes que deben estar conmigo sí o sí, de los cuales nunca podría prescindir. A continuación menciono tres, a manera de recomendación para los lectores, cuyo sonido no sería el mismo sin esos instrumentos hechos en Nashville, Tennessee.

Bluesbreakers with Eric Clapton

Clapton is God se podía leer en calles londinenses a mediados de la década de 1960; después de escuchar por primera vez este disco pude entender el porqué. Eric Clapton, aburrido de The Yardbirds y su paso de un grupo de blues a otro de pop -con canciones bobas como For Your Love-, los deja y se une al bluesman John Mayall y sus Bluesbreakers.

Cuenta la leyenda que Clapton, decidido a cambiar su sonido, entra a una tienda musical y adquiere una Gibson Les Paul de segunda mano en color sunburst (rojo pues), además de realizar otro movimiento maestro: cambia su amplificación y se hace de un Marshall, aparato que en ese entonces apenas va forjándose de fama en las grandes ligas. En el álbum, el resultado es increíble de principio a fin; el inicio con All Your Love seguramente me tiró de la silla en la que estuviese sentado; el mejor solo lo encuentro en Double Crossing Time; mientras que la vieja escuela del genio de Surrey brota en Ramblin’ on my Mind, cover a Robert Johnson. Posteriormente Eric emigraría para formar Cream, lo demás se cuenta por sí solo.

Nevermind the Bollocks, Here´s the Sex Pistols

Como buen adolescente inocente, en mis tiempos de educación secundaria creía en la existencia del Punk Rock como una expresión fidedigna de rebeldía; y sí, mi primer contacto real con ello fue el disco “debut y despedida” de los británicos Sex Pistols. Steve Jones, el rupestre guitarrista del grupo, una vez reclutado por Malcolm McLaren (mítico productor), tuvo que aprender, desde cero, cómo tocar.

Pero antes existía otro problema: en plena recesión económica en la isla británica, ¿cómo conseguir un instrumento decente? La respuesta era fácil para Jones, robarlo al ilustre David Bowie. Se dice que de esa forma, gracias a su cleptomanía, surtió a la banda del equipo que necesitaba; él optaría por usar regularmente una Gibson Les Paul Custom, en color maple.

Mi admiración al trabajo de Steve es que, tras la salida del bajista inicial y único músico con experiencia, Glen Matlock, tuvo que hacer un trabajo doble, tanto en vivo como en el estudio: cubrir el vacío que implicaba tener al malogrado Sid Vicious como remplazo, que en calidad de bulto colgaba en sus hombros un Fender Presicion Bass sin tener la más mínima idea de qué hacer. De forma afortunada, y hay que reconocer también que con harto esfuerzo, el Nevermind logró terminarse con un sonido que, al menos en la guitarra, revolucionó por su crudeza y tozudez.

Lanza Internacional

2017 fue un año difícil en el ámbito personal, lleno de cambios que han definido mi presente. En congruencia con esa atmósfera, al mismo tiempo, se publicó el primer LP, homónimo, de Lanza Internacional; grupo formado por los hermanos Francisco y Mauricio Durán (ex Bunkers), más el baterista Ricardo Nájera (ex Furland, IMS, entre otros).

En dicho trabajo no hay ni una reminiscencia del trabajo previo de sus integrantes, es una transformación total en cuanto a música, la cual está sumamente influenciada en la era New Wave de 1980; la iconografía del disco físico es innovadora y llega a tal grado el nivel de renovación en la banda, que en el caso de Mauricio, lo llevó a pasar de ser un guitarrista de arraigo a un bajista que ha sorprendido a propios y extraños, acompañado de un bellísimo Rickenbacker 4001 en color Jetglo (negro) de 1979.

Francisco usa una Gibson Memphis ES-335 Custom Cherry con vibrato Bigsby, que alterna junto a otra Gibson Les Paul y una Rickenbacker 330. La calidad de todas es comprobada, mas la ES-335 “se vuela la barda”, aunado a que es un modelo de 1963. Lo mismo puede pasar de la total distorsión en temas como Corredor y Hora de dormir, a sonar súper funky en temas como Remar hacia atrás o Mala fama; diversidad que se debe gracias a su ejecutor prolijo y su elemento maestro.

¿Hay mañana para Gibson?

Los clásicos nunca mueren, eso es justamente lo que gran cantidad de músicos y aficionados del género rockero esperamos pase con Gibson. Se sabe que el quiebre de la empresa se debió a malas decisiones de inversión como comprar un sector de audio de la neerlandesa Philips, mientras que el volumen de venta de instrumentos era estable… ¿Cómo podría ser lo contrario? La historia y nuestros oídos no mienten, Gibson ha escrito sus gloriosas páginas al compás del reloj (en referencia al tema cumbre de Bill Haley) en la escena musical del Siglo XX y del presente. Por ende, la nueva directiva tiene que seguir aprovechando el nicho de mercado que representamos varios locos que estaríamos dispuestos a pagar más de 3 mil dólares por un bajo o guitarra de la marca. ¡Que muevan las industrias!, decían Los Prisioneros…

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