Juanga: Nadie baila como tú

Siempre he tenido la hipótesis de que los pueblos, las naciones o grupos sociales tienen un ethos musical, y en más de una ocasión, me he preguntado: ¿qué integra el ethos musical de los mexicanos?

La idea de un ethos musical nacional implica el hecho de que existen una serie de melodías, canciones y letras que forman parte de nuestra identidad. Que delimitan nuestro comportamiento y ánimo con tan sólo escucharlas. Todos hemos asistido a una fiesta mexicana, un 15 de septiembre. El día que se festeja a la patria, a los símbolos que nos hacen un país.


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Pero, ¿qué necesita una fiesta mexicana para ser un éxito, para lograr el ambiente de empatía entre todos los asistentes? Si vamos a hechos concretos todos encontraremos una respuesta ágil y rápida. Canciones de José Alfredo Jiménez, Vicente Fernández, José José y Juan Gabriel. De hecho, cada uno de estos intérpretes define un estado de la celebración, su inicio, desarrollo y clímax. Cada uno de estos cantantes tiene la capacidad de insertarse entre nuestras emociones, de llegar a lo más profundo de nuestras fibras, como si en cada una de sus composiciones, hubiera decodificado esos elementos que integran el carácter de lo mexicano.

De entre ellos, Juan Gabriel guarda para mí el abanico más grande de versatilidad musical. Del “Noa Noa” al “Para que tanto problema”. Del “Abrázame muy fuerte, amor” al “Si tan sólo nos hubiéramos casado”. En sus más de mil ochocientas canciones el “Divo de Juárez” abarco cada aspecto de nuestra vida.

En su voz, cada frase, cada tema, por más anodino y cotidiano que fuera, se transformó en un ritmo capaz de encender los ánimos y las ansias de baile. En más de una ocasión, me asombro la velocidad con que las canciones de JuanGa se quedaron grabadas en mi mente. Las escuché por primera vez en la niñez y sé que las podré cantar hasta los últimos días de mi vida.

JuanGa entendió a la perfección los ritmos que nos describen, las situaciones que se vuelven motivo de drama o dicha entre todos los mexicanos, con una atemporalidad y sencillez soberbia y fascinante.

Juan Gabriel cantó muchas facetas de nuestra alma. Y ahora mismo, al escribir esto, pienso en sus versos y tengo puedo oír su voz en mi mente.

“¡No, no hay nadie que baile tan bonito como tú!”

De forma extraña, la piel se me eriza. Me siento feliz. Gracias al Divo de Juárez por este placer.

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