Inestabilidad y porros en la UNAM

Los porros han sido un componente político al interior de la UNAM desde hace cincuenta años.

Los porros han sido un componente político al interior de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) desde hace cincuenta años. Fácil es señalar a este segmento de jóvenes con disposición a la riña y trifulca. No obstante, la pregunta seria ante la crisis de los hechos de Rectoría es: ¿a quién sirven?

En el pasado, los grupos porriles estuvieron bajo un control centralizado (un caso concreto es 1968 y la regencia del Distrito Federal), con el pasar de los años han pasado a ser grupos dispersos, que sirven diferentes a líderes o funcionarios locales. ¿Sirven a los mismos intereses los grupos porriles del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Oriente, Azcapotzalco, Sur, Vallejo o Naucalpan? La respuesta es evidente, sin embargo, lo preocupante es el grado de violencia que alcanzaron sus acciones del pasado lunes.

La decisión de sacar permanentemente a los grupos porros de la UNAM se verá confrontada en primera instancia por la diferencia de intereses políticos y económicos que tiene cada plantel (dirección, administración y sindicato) y las autoridades cercanas (gobiernos municipales o delegacionales) con la autoridad central de la universidad (Rectoría). En ese sentido, que el poder central logre extirpar estos brazos de choque de cada plantel de bachillerato será una tarea ardua, pero que vale la pena empezar a materializar.

Asimismo, destaca el grado de violencia (aún con posibilidad de presencia mediática) de lo que pasó el lunes. La incógnita es: ¿quién quiere desestabilizar a la UNAM? La opiniones de analistas de medios señalan tres hipótesis:

1) Autoridades de la delegación y CCH Azcapotzalco vinculadas al Partido de la Revolución Democrática (PRD). En medio de la “transición de ensueño” que está viviendo el país, la inestabilidad en la UNAM podrían comprometer al gobierno de Claudia Sheinbaum y el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) en la Ciudad de México, si la crisis se agrava, incluso pegaría al presidente electo.

2) Morena con la finalidad de un cambio en las simpatías políticas de la Rectoría. La crisis de seguridad, derivada de los asesinatos y el narcomenudeo en Ciudad Universitaria cada vez hace más evidente que Enrique Graue puede ser último rector del “grupo de los médicos”. La Facultad de Medicina ha controlado la UNAM desde la huelga de 1999 y tiene fuertes nexos con el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Que Graue no se reelija dentro de un año, abriría la posibilidad para que acceda a la Rectoría un personaje más afín y con simpatías al nuevo partido gobernante.

3) Los grupos del narcotráfico de la capital. El reajuste de los carteles de la droga en la Ciudad de México por la captura de los líderes del Cártel de Tláhuac y la Unión Tepito, y la campaña en contra del narcomenudeo en CU, podrían ser un factor que vinculó a cárteles con porros, con intenciones de desestabilizar a la UNAM. El escenario sería el más terrible. No obstante, parece dudoso dado que el narco pocas veces pretende dañar instituciones políticas, siempre y cuando no interrumpan sus negocios, ¿la campaña contra el menudeo podría ser un factor que molestó a los cárteles y ellos respondieron en represalia?

Lo anterior pueden ser simples conjeturas y que actores vinculados al CCH Azcapotzalco trataran de utilizar a los porros para contener la protesta de estudiantes, con la intención de que las irregularidades del campus no llegarán hasta Rectoría, sin prever los excesos y estragos que estos realizaron.

No obstante, el caso pone en aprietos al rector Graue, derivado de la crisis de seguridad que ha vivido la UNAM desde el inicio de su período. También, los ciclos políticos del año tampoco lo benefician, que este evento se dé a un mes del aniversario del 2 de octubre y cambio de gobierno, pueden hacer que el hecho se agrave y alcance una convocatoria mayor que lleve a la UNAM a algo más severo que un paro.

Como Rector, Enrique Graue ha entregado pobres resultados de seguridad en la máxima casa de estudios. Si no desea que su rectoría se transforme en la peor desde la huelga de 1999, debe expulsar, localizar y hacer rendir cuentas a los involucrados en los hechos del lunes.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *