Cinco segundos, no más. Un instante, acaso un suspiro. Suficiente para sentir la breve ilusión de la esperanza y la realidad del no será.
Me pregunto, qué te motivó a hacerlo. Acaso fue que mis ojos reflejaban el dolor de la ausencia. Quizá el cansancio de días pasados. O, tal vez, tú entiendes, cmo nadie, mi deseo de encontrar un lugar para descansar.
Quisiera pensar que fue la memoria muscular de otros instantes, el deseo de lo que pudo ser, o el breve recordatorio, en ti, en los dos, de que somos la mejor historia posible en el peor momento de la vida.
Pero, lo hiciste. Pero, me dejé llevar.
Te invitamos a leer: Tu nombre
Y si por mí fuera, volvería a ese zarpazo de ilusión.
Te tomó un segundo colocar tu mentón sobre mi hombro. Otro más juntar tu cuerpo sobre mi espalda. Al tercero, rodeaste mis hombros con tus brazos. En el cuarto, puse mis manos sobre las tuyas y juro que escuché un suspiro de tus adentros. El quinto fue el despertar a la realidad, el golpe que termina con el sueño.
Cinco segundos bastaron para romper las barreras construidas por meses. Un instante fue suficiente para volver a habitar el mundo del anhelo.
Y hoy estoy aquí, otra vez, escribiéndole a la nada, deseando que, de alguna manera leas esto y me confirmes, con un gesto, que es cierto, que cinco segundos también te bastaron para sentir que a esta historia le falta su final.
