Instante de amor

Instante de amor
Foto: Juan Pedro Salazar.

Nos miramos y sonreímos, como si supiéramos que ese instante de amor se nos iba a quedar por siempre en la memoria. Comimos sentados en una banqueta, ya con la noche dominando el cielo y con el dinero contado. Pero algo tenía ese momento que hizo que esos hot dogs nos supieron a gloria.

A veces el amor no necesita de grandilocuencia, sino de instantes simples que nos recuerden que acompañarse y quererse con todo el ser, bastan para tener episodios felices.

A veces, el te amo más duradero se encuentra ahí, en dos personas haciendo que el mundo no les duela tanto, creyendo que el futuro será mejor y les encontrará juntos.

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A veces, el amor está en un instante, en lo simple de la vida.Y ese momento lo era.

Teníamos poco dinero. Ella estaba en los últimos semestres de la carrera y yo estaba por empezar a trabajar. Así que las circunstancias de la vida no nos favorecían como queríamos.

Pero nos teníamos y eso nos bastaba.

Como ya era tarde y aún nos quedaba un largo recorrido a nuestras casas, decidimos parar a comprar algo de comer.

Al revisar las bolsas, descubrimos que no teníamos mucho dinero y que solo nos alcanzaba para unos hot dogs que vendían en un carrito que deambulaba por Copilco.

Compramos. Nos sentamos en la banqueta. Comimos.

Platicamos como lo hacíamos cada que nos veíamos. Ella tenía la receta perfecta para hacerme hablar y yo era un adicto a escucharla y a disfrutar de su manera de pensar.

Hubo un momento, en medio de nuestro banquete, que nos miramos y sentimos que ese instante era amor de uno por el otro, y que ese episodio habríamos de recordarlo por mucho tiempo de nuestras vidas.

Terminamos y caminamos rumbo al Metro, tomados de la mano, como tantas tardes pasadas, como aquellos días de las primeras citas en las que nos perdíamos por Coyoacán, como esas veces en las que nos veíamos para robarle minutos al tiempo.

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Meses después, ella recordaría ese episodio y lo plasmaría en una carta de aniversario. No se lo dije, pero al leer cómo recordaba ese momento, lloré de felicidad, al saber que una parte de mi vida había sido inmortalizada por quien en ese momento amaba.

Y sí, fue amor. Amor en lo simple. Amor por la compañía que volvía tenue a la incertidumbre. Amor que viví, sentí y experimenté.

Aunque hoy la vida de ambos es distinta y solo la distancia y el silencio hablan entre nosotros, cada tanto vuelve a mi memoria ese momento, como recordatorio de que el amor sí tocó mi puerta.

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