Atletas mexicanos: de la ‘raza de bronce’ a los cuatro bronces

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La realidad es que nos hemos convertido en la ‘raza de bronce’ de José Vasconcelos pero no por las razones mencionadas en su ensayo. Especial.

Poco antes de iniciar los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 le hice una pregunta a un amigo sobre el porqué la delegación mexicana ganaba tan pocas medallas si tiene (tenemos) tanto corazón y somos un país tan grande. Su respuesta se redujo a un punto: mentalidad.

Dialogamos el concepto y entendí a lo que se refería. Su definición de ‘mentalidad’ era una especie de pensamiento que, de alguna manera, se pone obstáculos a sí mismo que termina eliminando cualquier posibilidad de alcanzar una medalla para después decir “estuve tan cerca”, “jugamos como nunca y perdimos como siempre”, y alguna otra frase hecha relacionada con el “ya merito”.

Sin embargo, esa psique derrotista parece no ser la única que juega en contra al momento de medirnos de tú a tú con lo mejor del mundo en cualquier disciplina, incluida el futbol. El equipo de video de El Financiero se hizo la misma pregunta y agregó otra parte a la ecuación: corrupción.

De los 2 mil 684 millones de pesos asignados a la Comisión Nacional del Deporte (Conade) se tiene poca claridad sobre quiénes usan de esos recursos, pues de acuerdo con atletas, la disposición del dinero es muy opaca y se vuelve la principal razón por la que el apoyo parece ser muy deficiente, por ello, muchos atletas terminan recibiendo dinero… de sus familias y nada más.

Otra razón por la que México tiene una participación tan modesta (mediocre dirán algunos) es porque el futbol acapara todos los reflectores. Según el periodista José Ramón Fernández, las televisoras se han encargado de sólo difundir el balompié por encima de cualquier otro deporte.

Su comentario no es airado contra esas empresas, pues el mismo Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFR), en su Reporte Trimestral de audiencias de 2019, demostró que dos de los cinco eventos más vistos en televisión responden a partidos de futbol, esa razón hace que únicamente visibilicen ese deporte, desapareciendo de su programación abierta las disciplinas donde México destaca deportivamente hablando, entre ellos competencias de clavados y tae kwon do.

La otra razón de peso tiene que ver con la actividad física realizada por el mexicano, pues, en términos simples, a la persona promedio simplemente no le gusta el deporte. El Inegi reporta cifras dignas del análisis en los resultados del Módulo de práctica deportiva y ejercicio físico 2020.

Sólo el 38.9 por ciento de la población mayor de 18 años es activa físicamente, esto quiere decir que 6 de cada 10 mexicanos no hacen ejercicio, a eso sumemos el grado de escolaridad donde aquellas personas con mayor nivel académico tienden a ser más activas, caso contrario con aquellas cuya educación básica quedó inconclusa.

Si bien la participación en Tokio fue la peor desde Atlanta 1996 donde sólo se consiguió una medalla de bronce, las cuatro preseas de este metal –sin contar los siete cuartos lugares que no suman nada– demuestran el conjunto de factores que generan la crisis actual en el deporte mexicano: falta de recursos; falta de difusión por parte de organismos públicos y privados; falta de ganas por parte de la población para hacer deporte; y mentalidad poco competitiva ante rivales cuyas condiciones son más favorables, por mencionar algunos.

También es cierto que no es sencillo ganar ante las potencias y, el simple hecho de conseguir un pase para representar a México ya es algo plausible, sin embargo, la realidad es que nos hemos convertido en la ‘raza de bronce’ de José Vasconcelos pero no por las razones mencionadas en su ensayo, sino porque no hemos pasado del tercer lugar en el mejor de los casos, salvo casos aislados donde el esfuerzo es meramente individual y no colectivo, los niños campeones de olimpiadas matemáticas son el ejemplo perfecto.

Y ese pensamiento derrotista cuasi genético no sólo aplica deportivamente hablando, sino en toda aquella área del conocimiento, el arte y la cultura. Eso nos ha hecho de bronce y el medallero sólo refleja que esa crisis se extiende entre buena parte de quienes somos mexicanos y que seguimos quedándonos con el ‘ya merito’ como lo único a lo que podemos aspirar y nada más.

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