Vendrán lluvias suaves

lluvias suaves

Hace algunos años releí el cuento “Vendrán lluvias suaves” de Ray Bradbury, que aparece en Crónicas marcianas; sé que es una falta enorme no haber leído a Bradbury, pero lo leí para un taller de escritura que en ese momento llevaba con unas amigas, ya no recuerdo bien por qué. 

Bradbury lo publicó en 1950. Y aquí viene lo interesante. Trata de una suerte de futuro apocalíptico en el que sólo quedan activas las máquinas, pero no en un modo Terminator, sino como esta suerte de seres que han sido fabricados para seguir ciertas funciones mecánicas, pero que no está totalmente al tanto de lo que pasa realmente a su alrededor.

En el cuento prenden pantallas, hacen el desayuno, se comunican con los humanos para darles información (haya o no humanos). Recordé el rol de estas máquinas en específico pues platicaba con mi esposo sobre la falta de conciencia que, hasta el momento, tiene la Inteligencia Artificial de la que echamos mano habitualmente. Hablamos de lo que podría pasar si llegara el momento en que hubiese un cambio de conciencia o una mejora de la conciencia (ahora sí como en Terminator), y honestamente no concluimos nada, porque se nos va de las manos. 

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Vuelvo a esto porque se me hizo muy curioso haber recordado el cuento hace unos días y que justo el 4 de agosto otro amigo me haya mencionado el cuento y recordado que sucede un 4 de agosto de 2026.

¿Coincidencia? No lo sé, al menos sí algo muy muy extraño.

Pienso en Badbury, no deja de sorprenderme cómo a veces el pronóstico del pasado sí llega a coincidir con el futuro. No me parece que estemos lejos de la explosión nuclear que, como en “Vendrán lluvias suaves” ya mató a todos. Vaya, ya sucedió Chernobil en los ochenta. Tampoco me parece inverosímil que sea la fuerza de la naturaleza, justo como en el cuento, la que termine con el último vestigio de la raza humana. Es impactante la manera en que las cosas se anuncian, a veces, sin que las consideremos una posibilidad. 

Que Bradbury viviera para atestiguar la claridad de sus ficciones y que viera cómo los relatos de imaginación se parecen más a las profecías. 

Por puro ocio y por saber hasta dónde sí o no, he estado experimentando con la inteligencia artificial accesible al usuario promedio. Lo que puede hacer es bastante significativo, y estoy segura de que todavía no entendemos los alcances reales. Ha sido muy útil para reducir muchísimo los tiempos en tareas que humanamente toman varios minutos, y me parece que eso está bien. Pero se nota aún que no tiene ese componente importantísimo que hace las cosas “humanas”, “concientes”, por usar algunos términos, y eso también está bien. Como otra curiosidad: no escribe buenos poemas. 

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