Xavier Villaurrutia: poeta del sueño y de la muerte

La muerte para Villaurrutia no es una extraña. Foto: Twitter, @CulturaUNAM.

La muerte no es, para mí, ni un fin,
ni un puente tendido hacia otra vida, sino una
constante presencia, un vivirla y palparla
segundo a segundo… presencia que sorprendo
en el placer y en el dolor”.
Xavier Villaurutia

La muerte como tema fue fundamental para el grupo de Los Contemporáneos al que Xavier Villaurrutia perteneció. Muy cerca de la publicación de su obra cumbre, Nostalgia de la muerte (1938) se dieron a conocer también Muerte sin fin (1939) de José Gorostiza y Muerte de cielo azul (1937) de Bernardo Ortiz de Montellano.

A continuación, propongo una brevísima estampa de algunos de los poemas que conforman este libro, para explicar cómo para el poeta sueño y muerte se intercalan de manera indisoluble y natural.

“Nocturno miedo” comienza con la sentencia de que: “Todo en la noche vive una duda secreta”. Esto es importante, pues tanto para el sueño como para la muerte es fundamental este intersticio dudoso y apenas develado donde el escenario nocturno es espacio de su secreto. Cito algunos versos de ese poema:

Entonces, con el paso de un dormido despierto,
sin rumbo y sin objeto nos echamos a andar.
La noche vierte sobre nosotros su misterio,
y algo nos dice que morir es despertar.

Si bien la noche es un espacio para la duda y lo inconcreto; más allá de elemento paisajístico, es un cómplice, que bajo su oscuridad permite el encuentro con el otro, lugar donde la sombra puede transformarse en luz. Otro cómplice posibilitador de los encuentros es el sueño. Es sólo con el paso del “dormido despierto” que el poeta se mueve también. Además, el sueño permite una nueva descripción del mundo, es una verdadera relación con la poesía.

En el mismo poema, Villaurrutia, sumergido en la duda secreta, es consecuente con el carácter indefinido de la otredad. La antítesis remite a la indefinición, la cual se trata muchas veces de un punto “entre” dos conceptos definidos y que resulta bastante abstracto, como lo es también el otro.

El sonámbulo no es ninguna de las dos cosas, ni despierto, ni dormido. Para continuar con la idea de lo “entre”, el siguiente verso plantea una pregunta fundamental:

¿Y quién entre las sombras de una calle desierta,
en el muro, lívido espejo de soledad,
no se ha visto pasar o venir a su encuentro
y no ha sentido miedo, angustia, duda mortal?

Pareciera que a la mitad de un concepto y otro el poeta buscara siempre mostrar algo más. No es que él quiera sólo contraponer o bien trasmutar esto con aquello, sino que busca el lugar que se inserta entre conceptos y justo dicho lugar indefinido es uno de sus preferidos.

La indefinición de Villaurrutia sucede también al enfrentarse al otro. El “Nocturno de la estatua” muestra una carrera sin hallazgo, una búsqueda sin logro. El poeta busca a la estatua y desea tocarla, pero esta actividad está condenada a no consumarse desde el principio:

Correr hacia la estatua y encontrar sólo el grito
querer tocar el grito y sólo hallar el eco,
querer asir el eco y encontrar sólo el muro
y correr hacia el muro y tocar un espejo.

El poeta recorre distancias, pero se enfrenta a puertas sin salida. Mas él lo sabe desde el principio, no sufre realmente la imposibilidad y en este poema se sitúa de nueva cuenta en el espacio intermedio al reafirmar que el contacto no es viable. Para Villaurrutia el “entre” no es un destino trágico sino la decisión que toma como su verdad. Hacia el final, entra en un sueño dentro del sueño, pues la estatua, en la que él mismo puede reconocerse, rompe de lleno el movimiento en el último verso: “hasta oírla decir: ‘estoy muerta de sueño’”. De este modo se evidencia la indefinición del otro. El poeta desea la otredad pero lo único que obtiene es un reflejo de sí mismo, igualmente indefinido, difuso, producto de un sueño. De nueva cuenta se ha posicionado en lo indefinido, en el lugar intermedio donde no se puede terminar de ser, de ser o de nombrar.

¿Dormir o despertar?, se pregunta Villaurrutia constantemente, sin embargo, no elige ninguna opción, sino que regresa al punto intermedio. El sonambulismo definido por el “dormido despierto” es ese espacio onírico-consciente que permite el reconocimiento de uno mismo y también ahí existe la posibilidad de contacto con el otro.

No es gratuito el título que Villaurrutia eligió para la obra; la figura de la muerte es sin duda fundamental, ya sea como arquetipo, como forma, o como persona, y el poeta la retrata con diferentes características. Una que me parece fundamental es la factura de la paradoja del miedo. Sabemos que ante un sueño es necesario despertar, pero en Villaurrutia no es tan sencillo, pues escribe también sobre el dolor de: “no ser sino la estatua que despierta / en la alcoba de un mundo en el que todo ha muerto”: (v. 38) un despertar angustioso que al mismo tiempo puede ser sereno. De hecho, este último verso tiende un puente perfecto hacia la conclusión sobre el manejo del sueño y la muerte. Cabe resaltar que el dolor del que habla es “inesperado” pero el énfasis del poema está en unos versos antes:

Abre mis ojos donde la sombra es más dura
y más clara y más luz que la luz misma
y resucita en mí lo que no ha sido. (vv. 33-35)

El despertar es oscuro, pero también es luminoso y le sucede una resurrección. Extraño resultaría, que dentro de una obra en que habita la oscuridad y la muerte existan múltiples menciones a lo abierto, a la luz y a la vida.

En el poema “Paradoja del miedo” el poeta se afirma como un ser para la muerte y explica que el miedo mayor no es a la muerte en sí, sino a la falta de reconocimiento y pérdida de la identidad propia:

El miedo de dejar de ser uno mismo
ya para siempre,
ahogándose en un mundo
en que ya las palabras y los actos
no tengan el sentido que acostumbramos darles;
en un mundo en que nadie,
ni nosotros mismos,
podamos reconocernos.

El final de “Paradoja del miedo”, además, no es una oda a la muerte, sino a la vida y ahí también nos presenta el poema una suerte de paradoja: “puesto que ya no puede morir, / sólo un muerto, profunda y valerosamente, / puede disponerse a vivir”.

La muerte para Villaurrutia no es una extraña. En el “Nocturno en que habla la muerte”, vemos que cuando la muerte habla, le anuncia la imposibilidad de su propia comprensión como sujeto y ese es el verdadero temor:

Nada es la tierra que los hombres miden
y por la que matan y mueren;
ni el sueño en que quisieras creer que vives
sin mí cuando yo misma lo dibujo y lo borro.

El despertar de la estatua está vinculado con la abstracción que hace Villaurrutia de la muerte. El sentimiento de la estatua que “despierta en la alcoba de un mundo en el que todo ha muerto” es de claridad y luz, incluso de serenidad puesto que “resucita en mí lo que no ha sido”.

Me parece hermoso cómo al final el poeta no teme al despertar. Si no hay muerte que aceche peligrosamente, no habrá más remedio que entregarse a la vida. Villaurrutia entiende totalmente que sólo la muerte puede afirmar la vida, así como sólo el sueño puede afirmar la realidad predilecta y sólo dormir/morir lleva a despertar/vivir.


Referencias:
Villaurrutia, Xavier, Nostalgia de la muerte, México, FCE.

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    By: Adriana Dorantes

    Es maestra en Literatura Hispanoamericana. Primer lugar del Certamen Relámpago Internacional de Poesía Bernardo Ruiz, 2009. Ha colaborado en algunas revistas impresas y digitales y suplementos culturales con poesía y artículos sobre literatura, como: Destiempos, Dos Disparos, Valenciana, Mexicanísimo, Casa del Tiempo, Moria, Revarena, entre otras. Autora de los libros de poemas Quién Vive (UAM, México, 2012) y Entre mares alados (Ediciones y punto, México 2014) y del libro de cuentos Vendrá la muerte y tendrá tus ojos (Sediento, México, 2014). Segundo lugar del Torneo de Poesía Adversario en el Cuadrilátero 2015.

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