Hay tanto que decirte, que las palabras se me desbordan de la garganta, invaden todos los rincones de mi mente y mis dedos no alcanzan a escribirlas en el teclado del teléfono.
Empezaría por abrazarte durante un buen rato, hasta que mis pulmones se recarguen de tu perfume, de ese que persigo en la calle hasta que mis ojos ven que no eres tú.
Recargaría mi cabeza en tu hombro. Dejaría escapar un suspiro tan largo que una canción no sería suficiente para resumirlo.
Y te diría, despacito, en tu oído que cada tanto recuerdo la tarde de diciembre en que te conocí, el color de tu cabello que jugaba a ser rubio, tus lentes negros, el poco maquillaje que llevabas, y mis palabras maravilladas por tu talento para crear.
Te invitamos a leer: Mi debilidad
Que desde ese momento tu nombre se me alojó en la mente y que, con el tiempo, se transformó en el diminutivo más tierno que he conocido.
Que me asaltan los flashes de las risas, las largas pláticas por WhatsApp y las risas que hacían que hasta la jornada más larga de trabajo fuera un suspiro si tú estabas ahí.
Te diría que soy fan de tu sonrisa, que cada que la escucho en un video, corro a nuestro chat para decirte que ya te he escuchado; que sigo pensando en la noche en la que nos perdimos en una ciudad que ya conocemos, y que, cada tanto, me sigo riendo de las veces que me protestas por hacerte caminar.
Que me pone feliz verte dirigir, grabar, entrevistar y demostrarle al mundo que sí eres la mejor en lo que haces. Que si te lanzaras a la presidencia, votaría por ti con los ojos cerrados, aunque te fascine el color naranja que detesto.
Te invitamos a leer: Los atardeceres siempre llevarán tu nombre
Que adoro las charlas tan absurdas que luego tenemos y también aquellas en las que imaginamos lo mejor de la vida para nuestros encargos de la vida diaria.
Y que te agradezco, aunque no me lo creas, abrirme la puerta a la lección más rara y grande de mi vida, a entender que amar implica respetar la libertad de la otra persona y aprenderla a querer con sus comas, sus puntos suspensivos y sus puntos y a parte.
Que aunque el destino quizá no tengan nuestros nombres juntos por la eternidad, disfruto los ratitos que la vida me regala para compartir contigo.
Hay tanto que decirte… Pero no se puede. Pero no se debe. Así que mejor te digo: feliz cumpleaños.
