Invenciones de Morel para todos

Morel
Sería maravilloso tener una invención de Morel para enajenarnos a capricho. Foto: Pixabay.

Una de las maldiciones de nuestra existencia es la imposibilidad de repetir lo que vivimos, por eso nos obsesionamos con registrar, de una forma u otra, el instante placentero que nos ha significado alegría. Tratamos de capturar esa parte de la vida que nos ha significado más que ninguna, a veces con mucho cuidado en el recuerdo, a veces con otros mecanismos: la escritura, la fotografía, el cine.

En Eterno resplandor de una mente sin recuerdos Joel busca borrar todos sus recuerdos con Clementine, en un inicio piensa que todos son tan dolorosos que no desea tener registro de ellos. Pero en algún punto el experimento comienza a fallar; cuando se supone que debe estar inconsciente, Joel está parcialmente alerta y ve pasar frente a él ciertas memorias felices que lo conmueven y lo llevan a cambiar de decisión: “Déjame conservar este recuerdo”, grita. Pero no es escuchado, ya es muy tarde para arrepentirse.

Los instantes jamás regresan. A veces, con el solo trajín de la existencia, los recuerdos también fallan. Pero ¿y si Joel hubiera sido capaz de “grabar” sus instantes felices para volver a ellos cuantas veces quisiera? Ambos serían eternos y alegres con la reproducción incansable de esos recuerdos.

Adolfo Bioy Casares dio con el artefacto reproductor de fragmentos de la vida en 1940 con La invención de Morel. La historia trata de un náufrago que llega a una isla. Al principio no se sabe mucho y más bien nuestro náufrago se concentra en la observación sumamente cuidadosa de las personas que ahí habitan, ninguna de las cuales parece notar su presencia.

En la isla hay una máquina que, nos enteramos después, es capaz de reproducir incansablemente las escenas capturadas a través de una especie de lente fotográfico o una rudimentaria cinta de video. Ha sido creada por Morel, quien hizo varios experimentos con su aparato y logró capturar escenas específicas de sus amigos y de Faustine, una chica míticamente hermosa, de la cual el náufrago se enamora.

El único defecto, por decirlo de alguna manera, de la invención de Morel es que todo aquello que ha sido capturado por su lente y que se repetirá hasta la eternidad en él, está condenado a morir en la realidad. Así, lo que el náufrago percibe son sólo imágenes de gente ya muerta. Aún con esta certeza, el náufrago no logra desenamorarse de Faustine y, al contrario, crece en él una obsesión que avanza conforme pasan los días, hasta que él mismo comienza a participar en las reproducciones: se coloca al lado de Faustine acoplándose a sus ya bien estudiados movimientos para hacer de cuenta que ambos existen en el mismo plano y comparten la misma realidad.

Es tal la obsesión del náufrago por estar al lado de Faustine, tal su deseo por reproducir aquello hasta el cansancio que, aunque sabe que no es real, decide asumirlo como tal, jugar al acompañamiento y olvidar la mentira. Un sustituto a la vida, si pleno, puede ser más satisfactorio que la soledad.

En un descuido con el artefacto, la mano del náufrago es capturada por accidente por la invención de Morel, el protagonista sabe que una vez sucedido esto, su muerte es inminente. Él, a pesar de esto, continúa recreando feliz una vida imaginaria junto a su amor imposible. El relato, aunque sabemos que llevará a su muerte, termina en el cenit de la esperanza con la eterna repetición del simulacro, en la alegre existencia de la recreación de ciertos momentos hasta el infinito.

Si estuviéramos en la posibilidad de tener una vida totalmente satisfactoria en la que supiéramos cada una de sus variaciones, ¿la idea de la muerte nos detendría? A veces la vida parece llegar a un punto sin salida, en el que la tentación ante una alternativa es más real y poderosa. Si Joel tuviese una invención de Morel a su alcance, ¿optaría por rescatar los recuerdos felices con Clementine para recrearlos a capricho? Al lado de ella tiene una de las revelaciones más hermosas de su historia: cuando están acostados en el lago congelado, él es tan pleno que le confiesa que está listo para morir: “Puedo morir ahora, Clem, estoy exactamente donde quiero estar”. Es decir, puede morir a cambio de siempre contar con es momento de plenitud.

El náufrago se entrega a una mentira feliz, y su renuncia es tremenda y perturbadoramente atractiva. No es novedad para el ser humano el deseo por negar la realidad; y el hecho de tener la posibilidad de crear una nueva, a medida, es una idea bastante tentadora. Sería maravilloso tener una invención de Morel para enajenarnos a capricho, creo que finalmente no importaría la muerte sino la idea feliz que la antecede. A Joel tampoco le importa la muerte, siempre que le dejen ese instante intacto al que pueda volver las veces que quiera. Al final, ¿no es acaso la vida una serie de instantes alegres que acumulados justifican la existencia y merman el poder de la muerte?


Referencias:
Gondry, Michel (director), 2004, Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (película), Anonymous Content / This Is That Productions
Bioy Casares, Adolfo, La invención de Morel, Alianza, 2012

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    By: Adriana Dorantes

    Es maestra en Literatura Hispanoamericana. Primer lugar del Certamen Relámpago Internacional de Poesía Bernardo Ruiz, 2009. Ha colaborado en algunas revistas impresas y digitales y suplementos culturales con poesía y artículos sobre literatura, como: Destiempos, Dos Disparos, Valenciana, Mexicanísimo, Casa del Tiempo, Moria, Revarena, entre otras. Autora de los libros de poemas Quién Vive (UAM, México, 2012) y Entre mares alados (Ediciones y punto, México 2014) y del libro de cuentos Vendrá la muerte y tendrá tus ojos (Sediento, México, 2014). Segundo lugar del Torneo de Poesía Adversario en el Cuadrilátero 2015.

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