Los Mario Aburto que no conocemos

¿Cuántos Mario Aburto ha tenido y tiene este país? Es decir, la gente juzgada y encarcelada injustamente por aparatos de justicia estatales y federales.

Como cada 23 de marzo, el discurso del Partido Revolucionario Institucional (PRI) versa sobre un nombre: Luis Donaldo Colosio Murrieta.

Desde su asesinato y hasta hace unos días, los homenajes, las palabras y los discursos se hacen para recordar al ex candidato liquidado al concluir un acto de su campaña en Lomas Taurinas, Tijuana.

Pero más allá de la parafernalia armada por el tricolor, miembros de otros partidos y algunos periodistas, poco se habla del absurdo que se montó para determinar la culpabilidad de Mario Aburto Martínez, considerado por la justicia mexicana como el único responsable material e intelectual de asesinar al sonorense.

Revisando los documentos desclasificados y ahora publicados por Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, son notorias la sarta de incongruencias, mentiras y vaciladas (por decirlo de forma diplomática) que se crearon para encarcelar al entonces joven de 23 años, nacido en Michoacán.

Desde la fabricación de testigos, testimonios incongruentes, imputaciones insostenibles, confesiones obtenidas con torturas, y opacidad en todas y cada una de las declaraciones realizadas por las autoridades, incluidas las de los tres fiscales que “investigaron” el asesinato, son algunas de las cosas vergonzosas con las que nos encontramos en las páginas del expediente armado en el Caso Colosio.

Las versiones se nutrirán de rumores, supuestos, teorías conspiracionistas y charlatanerías, sin embargo, sobre Aburto hay dos verdades inapelables: no actuó solo —si es que él fue— y no fue un proceso ni repentinamente limpio el que se le realizó para condenarlo a 42 años de prisión, de los cuales ya lleva 25 cumplidos.

Quiero detenerme un poco en este último punto porque, si bien su caso tomó una relevancia inédita dado el personaje asesinado, la situación en la que ocurrió el suceso y los hechos posteriores que se derivaron tras la muerte de Colosio, la conclusión de la responsabilidad del autor material —dictada pocos meses después del magnicidio— demostró que se deseaba terminar con el proceso cuanto antes.

Sin embargo, ¿cuántos Mario Aburto ha tenido y tiene este país? Y no me refiero a los que aparecieron en la prensa de esos días como parte de una de las hipótesis que responsabilizaban a diferentes figuras públicas, sino a la cantidad de gente juzgada y encarcelada injustamente por aparatos de justicia estatales y federales, que por dar carpetazo a las investigaciones, se buscan chivos expiatorios para fincarles responsabilidades sin tener las pruebas que demuestren su responsabilidad.

Si bien el Gobierno actual habla todo el tiempo de acabar con la corrupción, una de las cosas con las que se debe trabajar/limpiar de lleno es la justicia, ya que este sistema poco sirve a lo que en teoría representa y sólo aplica sanciones a modo y, por situaciones políticas, se utilizan las instituciones para denostar, intimidar y acabar a un personaje incómodo en el sistema.

Las nebulosas que quedaron sobre personajes como Carlos Salinas de Gortari y su hermano Raúl quedarán ahí para el anecdotario, sin embargo, hubo otras personalidades que fingieron demencia como el propio ex presidente Ernesto Zedillo, quien se supo escabullir del escarnio y la justicia pese a cerrar el caso en el 2000 con más preguntas que respuestas.

El caso Colosio debe ser visto como un ejemplo de todos los vicios a erradicar en la justicia del país para que dejen de existir los Mario Aburto que, a la fecha, no hay certeza real de su responsabilidad, de sus motivaciones y de si actuó solo o no en un caso que se sigue utilizando para la politiquería y la creación de mitos infundados, pues ni Colosio era un apóstol de la democracia — perteneció a lo más profundo de un sistema político corrompido y fue designado para continuarlo— ni Mario Aburto es el loco “caballero águila” que la versión oficial afirma. Ojalá todo mejore, lo necesitamos.

De a tuit

Personajes como Ciro Gómez Leyva dicen que no hay una prueba para desmentir la versión oficial del 2000. Creo que él, como muchos, no explican que la información quedó clasificada hasta 2035. Así el país donde se compra la “verdad” tan fácil.

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