Con o sin beca

con o sin beca
Foto: Pixabay.

El último año en que pude pedir una beca del Fonca para Jóvenes Creadores fue en 2019. En octubre salieron los resultados y ese día, 23 de octubre, lo lloré casi todo, y digo casi porque era día de trabajo y una tenía que funcionar.

2019 fue mi última oportunidad porque ese año se me terminó la “juventud creadora”. Y con ello dejé de preocuparme por hacer proyectos para los años siguientes, cosa que había estado haciendo metódicamente desde que me enteré de que existían esas becas. Como dejé de preocuparme por los proyectos, sin proponérmelo siquiera, me concentré en los libros, en la escritura como tal, una escritura en la que no estaba pensando en agradar a un jurado, o en darle al clavo al tema de moda; una escritura que tenía el único compromiso de la escritura que yo sentía que quería hacer, en la que yo confiaba, la que yo necesitaba, con los temas y las formas que me importaban. Así fue cómo en los siguientes años escribí dos libros, no dos proyectos. Y ambos se publicaron, uno en 2021 y otro en 2022.

Si me pongo a pensar las cosas en perspectiva, concluyo que poco importa que no haya tenido el apoyo económico de la beca y todo lo que ésta también implica; lo importante es que el ímpetu por escribir no se vio disminuido nunca y que incluso algunos proyectos no apoyados se escribieron y se publicaron. Eso es lo más importante, porque la cosa con la escritura (al menos la mía) es que existe y se abre paso, con o sin beca.


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Entiendo que algo hay de suerte en las becas y en los premios, me costó mucho entenderlo así, pero hacerlo me ha servido para no dejarme aplastar por los comentarios, opiniones, gustos y perspectivas de los demás, porque lo que yo escribo tiene un compromiso conmigo, con la poesía, con la honestidad. Además, siempre hay personas que valorarán lo que hago, si la suerte no me permitió que esas personas estuvieran en los jurados del Fonca, ni qué hacerle.

No somos una beca. Hay muchas otras maneras de tener reconocimiento y de estar en contacto con grandes experiencias a través de la literatura y la poesía. Como ejemplo, una anécdota: un día, por cuestiones de trabajo, acompañé a Coral Bracho a una feria. Como estaba muy fresco en mí todavía el asunto de mi último año de posibilidad de beca me costó muchísimo hablarle del tema cuando éste salió a plática (y por supuesto no chillarle en el desayuno). También estaba bajoneada porque me enteré de que una conocida (a la que le habían dado ya más de una beca) había sido invitada también a la feria para presentar su libro. Y a mí, como siempre en mis azotes usuales, me afloró un sentimiento extraño de tristeza mezclado con enojo y sensación de injusticia, ese sentimiento que hace preguntarse: ¿y a mí cuándo me toca? Pero luego noté que esta muchacha buscaba a Coral Bracho para tomarse una foto para el recuerdo, porque era una ocasión única, mientras que yo estaba desayunando con ella, y no sólo eso, me mandaba whatsapps cariñosos y se tomaba el tiempo de leer mis poemas. Repito: hay muchas otras maneras de tener reconocimiento y de estar en contacto con grandes experiencias.


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Supongo que han sido los años los que me han dado la claridad y la perspectiva, así suele ser con la edad (afortunada o desafortunadamente, según se le quiera ver). Al día de hoy, estoy muy tranquila sin tener que pensar en proyectos; estoy pensando en la escritura y en todo lo que todavía quiero decir con las palabras.

 

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