Ir o no a las ferias del libro

feria del libro
La Fil de Minería. Foto: Twitter, @FILMineria.

Hace unos días concluyó la edición 44 de la Feria internacional del Libro (Fil) del Palacio de Minería, una feria de las más antiguas en México, incluso más antigua que la de Guadalajara.

La Fil Minería volvió a la presencialidad hasta 2023, en el famoso Palacio que le ha dado casa por tantos años. Desde antes de la pandemia se decía que la Fil Minería era muy costosa, las editoriales se sentían “apretadas” en cuanto a espacio y con muchas restricciones en para montar sus stands, lo cual es comprensible porque el recinto es antiguo y es importante cuidarlo y no poner nada que pueda dañar las paredes o las estructuras (por esta misma situación el público tampoco puede recargarse en algunos barandales ni sentarse en las escaleras; esto, para muchos, también hace que la feria sea un tanto incómoda). 

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El regreso de la feria se vio bastante opacado por la ausencia de algunas editoriales importantes, como el Fondo de Cultura Económica y Educal, ambas ahora dirigidas por Paco Ignacio Taibo II. Esto fue bastante controversial ya que unos días antes de la inauguración Taibo mencionó que la razón por la cual no asistía era económica, argumentó que el precio por metro cuadrado era mayor al de Guadalajara, y que por lo tanto les parecía incongruente (y neoliberal) formar parte de tal feria (y luego se apropió del Palacio de Correos con un tendido de libros gratuito, pero eso no va a ser asunto en este breve texto).

Creo que la posición de Taibo saca a la luz algunas discusiones importantes sobre la situación de la industria editorial en México. Es verdad que la Fil Minería es, en algunas comparaciones, más cara que Guadalajara. Y digo “algunas comparaciones” porque Taibo sólo soltó una cifra que, imagino, es la más cara de Minería frente a la más económica de Guadalajara. Y estoy segura de que mucha gente que no está en el medio no sabe que hay al menos tres tarifas distintas que corresponden a la situación de la editorial (si está afiliada a la CANIEM o no), a la constancia de participación (si la editorial ha formado parte de ediciones anteriores de la feria o no), al tipo de stand y ubicación que requiere, a la fecha en que ha realizado su pago (ambas ferias manejan un tabulador distinto si la editorial hace su pago de stand con más o menos anticipación). Finalmente, sí, es una feria cara. Pero el hecho de que esta información haya salido en este momento debería servir para reflexionar sobre el papel que juegan las ferias en un país como el nuestro.

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Las ferias del libro tienen su lado amable. Foto: Feria del Libro de Guadalajara/Facebook.

México es un país en el que no abundan las librerías, y eso ya es decirlo de una manera muy amable, pues la realidad es que en ciudades pequeñas es muy común que haya de todo, menos librerías. Entiendo que no es una cosa de primera necesidad, sin embargo, hay muchas otras que tampoco lo son y que no dejan de tener un lugar muy importante en la sociedad (los bares, los cines, por ejemplo). 

Hace algunos años hice un viaje a Isla Mujeres. Tomé un taxi para ir a uno de los tantos sitios turísticos que ofrece el lugar. El chofer me decía que ahí había de todo, que absolutamente todas las necesidades estaban cubiertas, que si algo no se proveía ahí mismo, lo traían de Cancún sin problemas. “¿Librerías también hay?”, pregunté. Y no, librerías no había. Y así es el caso de muchas ciudades. Entonces lo que se ha usado desde hace tiempo para subsanar la falta de librerías es hacer una feria del libro anual en la que las editoriales puedan ir y ofrecer sus títulos, estrategia que funciona por un rato, pero que sólo es un parche en un sistema que necesita reestructura desde las bases.

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Es verdad que las ferias tienen sus lados amables, y que el asunto de vender en librerías tampoco es tan sencillo como suena. Mucha gente no sabe realmente cómo es colocar material en librerías, es decir, el descuento que se da por la consignación, el flete, en su caso, los cortes, los pagos (que muchas veces tardan meses y otras muchas no llegan). Es verdad que hay mucho por hacer en este aspecto también, las ferias son una salida, pero cuando la editorial asiste a una feria con la intención de ganar y resulta que los costos son tan altos que da lo mismo eso o tirar los libros a la basura, estamos frente a un serio problema. 

Me parece innegable que Taibo trajo a la conversación un tema importante que debe discutirse y pensarse. No creo que hacer un tendido de libros y regalarlos sea la solución, pero sí considero que el asunto trae muchas cosas para cuestionar.

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