Hay cierta sensibilidad de mí que me es difícil explicar. Hay momentos en que siento que algo que vendrá es bueno, o no, a veces lo oculto para poder estar en paz, pero el paso de los días, semanas o meses me hacen darme cuenta que tenía razón. Algunos dirán que es intuición, otros que es el resultado de sobrepensar. El chiste es que desde inicios de este año, sabía o sentía que algunas partes de mí no me acompañarían más. Y sí, supongo que anticipaba que el 2025 sería de esos años de cierre de ciclos.
La verdad, no pensé vivir otro año de sacudidas, de sentir que volvía a perder y que, otra vez, me quedaba con las manos vacías. Pero la vida es así, supongo que a veces es necesario perder para volver a ganar, o dejar ir para que otras personas, momentos y vivencias lleguen.
Ahora lo reflexiono de manera tranquila, pero por semanas y meses me dolió el alma y los ojos eran una constante lluvia, ya ni les digo de la mente y las vueltas que daba una noche sí y otra también.
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Pero la vida es sabía. O quizá uno deja de ser tan ingenuo y se va depurando de la vida de personas y también aleja a gente que nomás ya no está en sintonía.
Hace meses escribía que la pérdida se lleva partes de nosotros, que un fragmento propio muere cuando una persona querida se nos va de la vida o cuando simplemente tenemos que decirle adiós a esas personas que hacían sentido en nuestras vidas.
Decir adiós es difícil, triste y doloroso. Y es horrible pensar que la vida suele ser más la suma constante de pérdidas que el anhelo imposible de la felicidad eterna.
Pero, saben, creo que sin el camino transitado, me sería difícil o imposible estar escribiendo esto, me costaría más trabajo mirar al futuro con cierta esperanza e ilusión de que aún hay mucho por vivir.
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La vida es pérdida, sí; la vida es cierre de ciclos, sí. Pero, también es la gente que no se va, que nos acompaña en la buenas y que está en las peores, la que nos aconseja mientras el Uber nos lleva a casa, la que comparte con nosotros cachitos de vida, como comidas, salidas, conciertos o un simple atardecer de marzo.
La intuición me dice que el otro año será mejor, que muchos frenos quedaron atrás y que lo que viene, aunque da miedo, será interesante y enriquecedor.
Y en medio de esa expectativa, del deseo de que todo sea mejor, quiero tomar unas líneas para agradecer a las personas y lugares que ya no están conmigo, a ese medio del que fui parte y que me dio y quitó tanto, a las personas que me hicieron reír y creer, pero que por x o y hoy ya no están. Gracias, porque sin ustedes no me habría dado cuenta de muchas cosas y no me habría animado a dejarles.
Y gracias, también, a quienes siguen aquí. Nunca me alcanzará la vida para regresar lo que me han dado, pero sepan que cuando lo necesiten ahí estaré.
Ahora sí, uno ciclos se cierran, otros se abren. Y aquí seguimos, porque de eso se trata la vida, de seguir, un día sí y al otro, también.
