Polvo en el reloj de arena: Un viaje a la Letonia soviética

Polvo en el reloj de arena es un libro que nos transporta a la Letonia soviética, al Gulag y a la época ilustrada de la pintura. Foto: Especial.

En días de pandemia y recién pasado el Día Internacional del Libro, se ha hablado hasta el cansancio de las posibilidades que nos ofrecen estos maravillosos objetos: viajar a cualquier lugar del mundo, conocer gente extraordinaria y hasta transportarnos en el tiempo. Pues ése es el caso de Polvo en el reloj de arena, un libro que nos transporta a la Letonia soviética, al Gulag y a la época ilustrada de la pintura, por hacer un recorrido a botepronto.

¿Un dato curioso antes de empezar? Se trata de la primera novela traducida del letón al español publicada en México.

De la mano de Sidharta Ochoa, directora de Abismos Editorial, Agnija Anca, traductora y artista letona radicada en México, y Latvian Literature, llega esta novela del filólogo letón Arno Jundze que retrata la caída de la URSS.

Suena a tema denso, ¿no? Pues quizá una de las grandes sorpresas de la novela es que no es así, por el contrario, la obra resulta ligera y divertida, pues Jundze hace gala de su sentido del humor y prosa ligera para llevar al lector por terrenos escabrosos que, de otra manera, podrían resultar intransitables.

Quizá lo anterior tiene algo o mucho que ver con que, además de dedicarse a la literatura infantil y haber sido nominado al Premio Jānis Baltvilks, Jundze (1965) ha sido anfitrión, entre otros, del programa 100 g de Cultura, el cual cuenta con gran popularidad en su país. Aunado a ello, es editor de la sección de noticias culturales de uno de los periódicos más importantes de Letonia y también se dedica al periodismo cultural, así como a la crítica literaria.

Pese a tratarse de una novela extensa, Polvo en el reloj de arena no suelta al lector desde el primer momento, pues su mezcla de ironía, humor y crítica nos remite a una charla nocturna entre amigos:

“La reencarnación llega como un milagro para las nuevas vidas. Y corrobora lo que un alma inexperta en apariencia siempre ha intuido: el Orden Superior que segrega al Reino del Silencio de la Gran Razón. Al renacer repetidamente, la alegría se acompaña por la responsabilidad y la tristeza que no son conscientemente percibidas. Los recuerdos de las vidas pasadas, aunque borrados meticulosamente, se acumulan en los rincones más recónditos del subconsciente. Nebulosos y fragmentarios, destellan en los impulsos neuronales como chispazos imperceptibles de milésimas de segundo. Un gesto, un matiz, un olor. Una cara que por un instante emerge de la multitud. El tedioso ‘¿dónde la he visto?’”

A través de la mirada inocente de un estudiante universitario, conocemos a personajes como un científico del Estado cuya carrera fracasa, un ministro luterano que se encuentra preso en el Gulag y un periodista adicto.

Además de leerse entre sus páginas la persistente espiritualidad de los pueblos sometidos al socialismo y de poner de manifiesto la imposibilidad de la censura durante la caída de la URSS, la novela es una gran metáfora del capitalismo triunfante que acaba por servirse de cualquiera, incluso de aquellos que luchan contra él y convertirlos en parte del sistema.

Como cereza en el pastel, tenemos la excelente traducción del letón no al español, sino al mexicano, de Agnija Anca, hecha con un cuidado y minucia que se agradecen.

Sin duda, se trata de una novela que bien puede acompañar estos días de cuarentena, hacernos reír y al mismo tiempo reflexionar acerca de temas como la reencarnación y la espiritualidad. No es necesario que salgas de casa para adquirirla, está disponible en Amazon.com.

Polvo en el reloj de arena
La portada.

Aquí algunos fragmentos de Polvo en el reloj de arena:

Mi abuela que había sobrevivido los horrores del estalinismo, sabía lo que decía, porque de manera discreta intentaba enseñarme que no hay que comentar nada innecesario fuera de la casa.

Nunca hables de más con extraños, no maldigas al poder, e incluso si ves algo poco común, mejor cállate. ¿Me lo puedes prometer? De otra manera terminarás tu vida comiendo mocos.

En la escuela nos enseñaron que Lenin y Marx descubrieron que no existe vida después de la muerte. Es tonto imaginar un jardín del paraíso en donde todos andan desnudos y hablan con angelitos. En el mundo, durante todos esos tiempos, han vivido tantas personas que en un solo jardín no habría lugar para todos.

¿Acaso el mundo de los adultos es diferente? ¿Quién hace las cosas nada más porque sí? Todos van a trabajar para obtener algún beneficio, no por trabajar. Bueno, no, posiblemente haya algún tonto que va sólo para trabajar.

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