Aquí todos hacen lo que quieren

La semana pasada una imagen se llevó las portadas de portales y periódicos: un hombre se hincó frente a manifestantes en Tlalpan.

La semana pasada una imagen se llevó las portadas de portales y periódicos, además de varios teaser de noticieros: un hombre se hincó frente a manifestantes.

El ciudadano, a merced de quejosos instalados en Tlalpan, les imploraba que se retiraran porque ya lo habían despedido de su empleo por llegar tarde a causa del cierre de la vialidad. La imagen por sí misma ya es digna de ser acreedora a premios, pero el análisis debe ir en un sentido principalmente, ¿por qué es tan fácil en este país y, particularmente en la ciudad, cerrar las calles sin importar los daños a terceros?

Según un análisis de Sin tráfico, publicado por El Universal el año pasado, entre 2015 y 2017 hubo un total de 10 mil marchas, o sea, nueve movilizaciones diarias donde el afectado siempre fue el ciudadano promedio; las calles favoritas para ello fueron: Paseo de la Reforma, Insurgentes, Bucareli, avenida Juárez y avenida Hidalgo.

A su vez, la entonces Secretaria de Gobierno, Patricia Mercado, explicó que el 60 por ciento de las demandas tenían que ver con el fuero federal y el restante era con relación a temas de la ciudad.

Muchos podrían decir que eso fue en el pasado, mientras otros partidos y proyectos dirigían la capital y la República; sin embargo, las cosas en la actualidad no se ven mejores. Si entramos a la cuenta de Twitter del C5 de la Ciudad de México veremos que al menos se han registrado tres movilizaciones diariamente, muchas de ellas son ejecutadas por un puñado de gente que, con consignas válidas o no, cierran y desquician a quienes tienen que llegar a sus destinos.

La situación es de alarmarse por varios motivos, la primera es que en ninguna de estas marchas las autoridades hicieron lo posible para evitarlas, o en su defecto, contenerlas para lograr reducir el costo que los ciudadanos deben pagar todos los días con calidad de tiempo/vida.

Lo segundo es ver el trasfondo de cada movilización. Si bien hay varias que tienen toda la legitimidad y el respaldo de muchos ciudadanos de a pie, como las de los médicos residentes o los damnificados del sismo, también habría qué revisar con lupa por qué ocurren las otras y entender el trasfondo, muchas veces político, de estos grupos que sin miramientos ni escrúpulos, ahorcan el ya de por sí asfixiado tránsito.

Y sí, aquí todos hacen lo que quieren por una sencilla razón: porque se puede. Porque no importa si es hora pico y el clima sobrepasa los 25 grados, yo puedo cerrar porque a mi hijo no le dieron el dinero que le correspondía en la cooperativa de su escuela, o bien, puedo pararme en medio del periférico porque las autoridades han hecho caso omiso a una demanda relacionada con la gentrificación que está afectando toda la colonia y cuyos estragos son la falta de agua, la saturación de las calles y el aumento de la inseguridad. Así de dispares son las marchas, que muchas veces, parecen traer más problemas de los que resuelven.

Habría que tomar el tema con absoluta seriedad y plantearnos si una ley (oootra más) resuelve una crisis de más de 30 años, o si esto es un llamado de auxilio que pide a gritos la ciudadanía para que se apliquen reglamentos a rajatabla, la conscientización de la ciudadanía, tanto interna como externa, y la orientación cívica de todos los habitantes de esta enorme ciudad. A ver cómo nos va en el tráfico, infinito como el universo.

De a tuit

Ya inició el Juego de Tronos. La última temporada estuvo repleta de referencias a la primera, aunque me quedo con la expresión de Bran viendo a Jamie con cara de Itatí Cantoral.

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