Los carniceros de hoy, las reses de mañana

Todo quien en algún momento ha cruzado palabra conmigo, sabe que trato de ser lo más imparcial en mis juicios, tendencias políticas y opiniones en torno a lo políticamente correcto y la arena pública. No soy del todo respetuoso, e incluso, me declaro un tanto irreverente.

Sin embargo, tengo mis límites y en esos límites no entra Ricardo Alemán, un periodista que desde hace muchos años ha jugado al ‘abogado del diablo’ y se ha convertido en el crítico acérrimo de Andrés Manuel López Obrador y las causas ‘chairas’.

Pero Ricardo Alemán no es un periodista que haya sido así siempre. En algún momento de su carrera decidió optar por defender al sistema, ese que le pide a los periodistas que “se porten bien” para que no les hagan nada; aquel que ya no contestó más preguntas porque “ya se cansó”; el mismo que no investiga sobre el asesinato de más de 40 reporteros sólo en este sexenio.

En ese tenor ha ido el oriundo de León, Guanajuato, a quien ya se le olvidó su paso por periódicos como el Uno más uno o La Jornada en la época en la que estos diarios eran críticos sobre aquello que hoy protege a capa y espada. Simplemente hay que ver lo que escribe en su portal, lo que dice en sus videocolumnas o lo que tuitea todos los días.

Ahora él fue víctima de sus propios dedos –aunque es necesario recordar que no es la primera vez que ocurre y que seguido tiene que pedir disculpas por sus disparates– y la factura se la cobró Televisa y Canal 11 quienes cerraron sus espacios ante la ola de críticas que desató un mensaje que repitió, no de forma descuidada, sino con toda la intención de incitar a la violencia, aunque nunca pensó que se le revertiría.

Su agresividad, su falta de tacto, su torpeza para con sus lectores, su disfrazada jovialidad a través de su léxico, lo convirtieron en la res y dejó de ser el carnicero de López Obrador, de movimientos izquierdistas –a los que chabacanamente se refiere como chairos–, a los estudiantes asesinados por “güeyes” en este sexenio y a los periodistas que no comparten su opinión y a quienes califica de “carroñeros”.

Él se dice víctima de una lapidación en redes sociales, pero no recuerda que es uno de los que ha convocado a lanzar piedras al amparo de un periodismo de opinión vacío, inescrupuloso y repleto de juicios sin sustento. Con esa misma piedra fue vapuleado.

De él no se puede esperar que cambie. ‘Humildemente’ ha dicho que sus ganancias millonarias las reparte entre 30 familias y que no se preocupa por perder dos patrones dado que todavía le quedan “otros 60”. Así es el mercenario que sin decoro expresa su cercanía con televisoras como la mexiquense o Milenio.

Sólo queda decir que su modelo de trabajo está acabado, al menos en esta parte del país y que tendrá que navegar con otra bandera, porque la de provocador ya está desgarrada, destruida, no por esas dos palabras que escribió en un retuit, sino por su falta de agudeza para acercarse a un público que hoy repudia el sistema del que es parte.

De a tuit

Como una ofrenda indirecta al cinco de mayo, Lupita González se coronó bicampeona mundial de marcha en la prueba de 20 kilómetros. Definitivamente no todo son las campañas, también hay buenas noticias.

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