EU: ¿salida pacífica de Afganistán o vacío de poder planificado?

Afganistán
Tropas estadounidenses y afganos evacuados. Foto: Twitter, @USArmy.
Primera parte: De la política como ideología

Para dar paso a este análisis tenemos que dejar claro tres puntos: que si hoy retorna al poder el talibán afgano es, en gran medida, gracias a la retirada del talibán de manufactura estadounidense, es decir, de las tropas de Estados Unidos; que la economía de Estados Unidos aún se basa en el capitalismo bélico; y que, por últimos, el implementar vacíos de poder como herramienta de control geopolítico sigue siendo muy vigente en nuestros días.

Con estos tres puntos trataremos de abordar el problema actual que vive Afganistán y, sobre todo, comprender este conflicto no como un evento circunstancial y aislado sino como producto de los intereses de una nación cuyo emblema siempre ha sido la defensa de la democracia, pero que, al llevar ese proyecto al plano global solamente ha mostrado sus irreconciliables contradicciones y trágicas deficiencias que han terminado por devenir en elementos estructurales de su ideología, una ideología que lucha, como ya se dijo, por la democracia, la igualdad y la libertad, pero que sólo ha logrado desarrollarse a costa de la paz y la estabilidad de otras sociedades que, además de tener que combatir con sus propios dilemas internos, tienen que lidiar también con el inconmensurable peso de la mayor potencia económico-militar vigente.

Teniendo este contexto presente, empecemos por esbozar las características de nuestra primera idea, a saber, que la entrada del grupo radical y extremista talibán solo se da gracias a la retirada de otro grupo igual, o incluso peor por su tamaño, poderío e influencias, las tropas estadounidenses. Es decir, lo que proponemos aquí es ver, y fundamentar, el que se estudie la invasión militar estadounidense en Afganistán en términos de dominación y coacción, y no con esa fachada de lucha por la democracia

Para ello habrá que remontarse al inicio de la invasión militar de Estados Unidos en Afganistán, entender sus causas fundamentales, vislumbrar las verdaderas motivaciones que dieron pie a ello y, ante todo, traer al análisis las graves consecuencias que eso tuvo y de las que hoy somos testigos.

Ante todo, creemos que es necesario aclarar que esa ideología que legitimó en su tiempo la guerra al terror con el fin declarado de acabar con el terrorismo, ya se venia gestando en Estados Unidos desde antes de cualquier atentado, pues una vez superada la magna conflictividad de posguerra contra la URSS, Estados Unidos tenía que buscar, o crear, un nuevo enemigo global común de toda la humanidad occidental para, de esta forma, avalar, con base en los peligros de una nueva otredad maligna, tanto sus dominios de influencia ya establecidos como sus futuras zonas de expansión, entre ellas Medio Oriente.

Es decir, desde mi perspectiva, el terrorismo vino a remplazar a la URSS como enemigo ideológico confeso en el juego político global donde Estados Unidos lleva el rol de policía y juez al mismo tiempo, y todas las demás naciones aceptan gustosas lo que representa un peligro o un beneficio para el mundo, un mundo edificado bajo el dominio simbólico y material del poderío estadounidense.

Los peligros de esto son muchos, entre ellos que gran parte de las sociedades ajenas a la realidad estadounidense terminan por aceptar como un riesgo algo que, en primera instancia, ni siquiera entienden realmente, lo que trae como consecuencia que esa ignorancia conceptual legitime, al final, todas las acciones que nuestro gran policía y juez global toma sobre aquello que, en apariencia, es un riesgo para todos.

Es decir, poniendo como ejemplo la región latinoamericana, para un mexicano, guatemalteco, colombiano, chileno, etc., el problema del terrorismo, pese a ser una situación externa de su realidad histórico-social inmediata, deviene en un conflicto de primer orden, un riesgo del cual necesita ser resguardado pese a que no lo comprenda cabalmente al ser algo ajeno de su contexto, y todo lo que se haga en pro de esa seguridad, que no podemos avalar que se encuentre amenazada por el terrorismo, será aceptado.

Con esto no pretendo quitar relevancia a los problemas que el terrorismo trae consigo, pues es claro que es real, que genera conflictos y que ocasiona desestabilidad política en gran parte de la región del Próximo Oriente. No obstante, el identificar al “terrorismo” desde la conceptualización propia y exclusiva de Estados Unidos genera una visión sesgada y recortada del problema, pues en ese concepto no se engloban ni los intereses económicos ni las tendencias políticas estadounidense. Con esto quiero señalar que seria mas oportuno no sólo estar alertas de ese nuevo enemigo global, sino también del contexto propio de gestación de esa categoría que estados unidos exportó al mundo occidental y que hoy se da por hecho.

Es por ello por lo que ahora vemos al talibán como un grupo político de riesgo, que lo es, sin embargo, hace veinte años la intervención de EU se vio como algo “pacifico”, como un acto con miras a fines globales de estabilidad y paz, cuando, dos décadas después, se vuelve evidente que un solo interés predomino ahí, que, en realidad, ni se buscaba ni paz ni democracia, que se dejó al Estado afgano tal cual como se encontró, y que, sobre todo, debemos seguir alertas, pues nada de lo que en la política internacional se diga que se hace de buena fe, pensemos en esa supuesta salida pacífica estadounidense de Afganistán, es genuino y verdadero, pues siempre esconde tras de sí intereses particulares que en nada coinciden con la retórica democrática que se externa incansablemente.

Pero todo esto se analizará con mayor detenimiento en la sección de la economía bélica y la geopolítica detrás del conflicto afgano. Ahora, más bien, sería prudente retomar el eje temático y mencionar que, si en su momento, la invasión estadounidense en Afganistán dado el contexto del atentado de las torres gemelas, la búsqueda de Al-Qaeda y el intento de estabilización del país en ese entonces en manos del Talibán, no debía entenderse enteramente como un acto fundamentado en una voluntad absolutamente noble, la salida que hoy se produce de las tropas de estados unidos tampoco debe entenderse así, pues más que una retirada pacifica, a mí entender, responde a una planificada estructuración de un vacío de poder con miras a la obtención de futuros beneficios.

Hemos visto como, más allá de la narrativa democrática, los intereses de la máxima potencia mundial para tener presencia en Afganistán fueron otros. Por un lado, como ya analizamos, estuvieron los motivos ideológicos, el edificar en el imaginarios colectivo global un enemigo común que servía como el soporte para legitimar la penetración bélica en medio oriente y, sobre todo, para seguir validando la estructura democrático-capitalista como el único camino adecuado al cual todo el mundo debe ceñirse; por otro lado, también está, como veremos en la segunda parte, el contexto económico, ya que aquel que piense que es casualidad que el país elegido para iniciar la guerra al terror sea, a su vez, el mayor productor de amapola del mundo, necesita ver con ojos más críticos el escenario internacional y, sobre todo, dimensionar la derrama económica que la producción y venta de drogas genera.

Así pues, con la invasión, Estados Unidos no sólo ganaba el haber edificado un nuevo símbolo ideológico contra el cual occidente debía unirse y luchar (el terrorismo), sino, también, un bastión geoestratégico que le aseguraba ingresos económicos importantes, pues ahora controlaba el centro de producción de amapola más grande del mundo. Lo que deja una vez más en evidencia, que nada de lo que ocurre a nivel global es casualidad ni se fundamenta en la buena voluntad de los países dominantes.

Pero esto se entenderá aun mejor cuando estudiemos las características del economía capitalista bélica, por ahora baste con decir que la llegada de Estados Unidos a Afganistán fue tan planificada y orquestada desde sus intereses económicos y geopolíticos como esta actual retirada.

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